(t) +34 986 438 358
info@campingislascies.com

|

HISTORIA

Convento de San Estevo El vivero de langostas El declive de las salazoneras Capilla de la Virgen del Carmen

La Prehistoria de las islas está sujeta a a los problemas inherentes a su condición insular. No obstante, la aparición de restos de útiles tallados, nos permite pensar que el hombre las visitó desde muy antiguo. No es muy segura la presencia del hombre durante el Paleolítico, ya que los yacimientos encontrados de este periodo en las islas no son costeros. De todas maneras han sido encontrados en las Cíes una serie de instrumentos Líticos difíciles de encuadrar cronologicamente.

En los momentos finales de la Edad de bronce surge un nuevo tipo de poblamiento que con su desarrollo dará lugar a la cultura más característica del Noroeste Peninsular: los Castros, poblados en zonas altas de algunos montes, a los que se dotaba de defensas para proteger pequeños recintos donde se instalaban las cabañas; sus utensilios eran de piedra pulimentada y una cerámica tosca de gruesas paredes. A lo largo del camino que discurre desde las ruinas del monasterio en la Isla de Faro, se pueden encontrar abundantes fragmentos cerámicos de éste período.

Como exponente de la cultura castreña en las Cíes, encontramos el poblado de "As Hortas". Se extiende por la ladera que sube desde el pequeño faro do Principe, al faro principal.

En El Año 138 A.C., las tribus galaicas toman contacto con las fuerzas Romanas. Hacia el año 90 A.C., Publio Craso emprende una expedición a Galicia para reconocer las islas del estaño (las Casitérides), y en el año 60 A.C. Julio Cesar comienza su campaña guerrera, obligando a los indígenas Lusos a bajar del monte Herminio. Los herminios abandonaron las tierras altas que separaban la cuenca del Duero y el Miño, dirigiendose a Galicia, llegaron hasta la actual Baiona y embarcaron hacia las Cíes. Al llegar César con sus legiones a la costa y ver la distancia a la que estaban las Cíes, construyero balsas y algunas galeras para desembarcar. Una vez en ellas y ante la abrupta costa de la isla Sur, tuvieron que efectuar el desembarco en la playa de Rodas donde tras una dura batalla vencieron los herminios.Tardaron varias batallas los romanos para conseguir doblegarlos, hasta que todo el noroeste penínsular quedó bajo dominio romano.

Aunque las invasiones suevas fueron conocidas en estas aguas, no quedan restos de esa época. En el siglo VI, con la proliferación de órdenes religiosas de la Edad Media, se instalaron en las Cíes dos conventos-eremitorios: San Martiño en la Isla Sur y San Estevo en la Isla del Medio, sobre cuyas ruinas se construyó el actual Centro de Interpretación, donde aún se puede observar uno de los sepulcros antropomorfos que se encontraron allí.

Las comunidades religiosas que a pesar de los ataques normandos se instalaron en estas islas mantenían un régimen feudal con la población, que abandonó el archipiélago a mediados del siglo XVI, debido a la inseguridad que provocaban los ataques piratas de turcos, tunecinos e ingleses. Entre ellos se encontraba Francis Drake, que se ensañó con la Ría de Vigo y asoló las Cíes.

Por todo ello, este archipiélago fue objeto de varios planes de fortificación en el siglo XIX, que dieron como resultado un almacén de artillería en 1810 en el antiguo monasterio de San Estevo, y un Cuartel de Carabineros y una cárcel próximos a la playa de Nosa Señora. Estas instalaciones proporcionaron una mayor confianza que promovió la repoblación y la instalación de nuevas actividades. Sobre 1840 se instalaron dos fábricas de salazón: una donde se ubica el actual Restaurante de Rodas y otra en la Isla Sur. De esta época data también el Faro de Cíes (1852) y una taberna en las proximidades del Lago, que era utilizado como vivero de langostas. La competencia de las conserveras de la costa próxima motivó el declive de las salazoneras y en 1900 quedaron reducidas a almacenes.

Las Cíes mantuvieron una pequeña población, originaria en su mayoría de Cangas, que fue decayendo hasta mediados del siglo XX. A medida que avanzaba el despoblamiento crecía el interés turístico de las clases acomodadas, y a partir de los años 50 empezó el turismo masivo y se hizo necesaria la protección de los valores naturales de este archipiélago, declarado Parque Natural en 1980.